Ciertos documentales y series de dibujos animados han calado en el consciente colectivo, la idea de que las focas son un animal pacífico y bondadoso que descansa alegremente en playas y hielos a lo largo del planeta; pero los patrones son rotos cuando hablamos de una de las grandes reinas de las aguas antárticas: la foca leopardo.

El también llamado leopardo marino (Hydrurga leptonix), es un animal perteneciente a la familia de los Phocidos, que suele medir unos 4 metros de largo y llega a alcanzar los 500 kg de peso; presenta una complexión que recuerda a la de las serpientes y una poderosa dentadura donde se alojan unos largos caninos con los que atrapa a sus presas.
Gran nadador, sus movimientos bajo el agua son excepcionales y de hecho existen líneas de investigación internacionales que intentan averiguar como este mastodonte acuático es capaz de alcanzar tales velocidades.
De mi estancia en la Antártida, recuerdo como uno de los mayores temores de mis compañeros de trabajo era ser atacados por la misma, de hecho a veces usábamos su mito para asustar a los novatos y fingíamos que habíamos sentido una entre las piernas cuando sujetábamos las zódiacs en los desembarcos.
Pese a su fama, los ataques a humanos son muy escasos, de hecho solo se ha citado un caso de muerte por ataque de la foca leopardo, que tuvo lugar en 2003, cuando la bióloga Kirsty Brown fue mortalmente atacada mientras hacía submarinismo. De todos modos, se recomienda cierta distancia en presencia de este animal, especialmente si estamos sumergidos.

Los que sí sufren de forma constante ataques son los pingüinos, a los que la foca leopardo suele acechar pacientemente en las proximidades de colonias y se aprovecha de la inexperiencia de las crías para atraparlas y golpearlas con violencia contra el agua.
Pero no son los pájaros bobos los únicos que sufren sus ataques, focas cangrejeras presentan habituales heridas de guerra en su cuerpo, como consecuencia de violentas luchas en las profundidades.
Otras aves, peces y calamares, también conforman parte de su variada dieta; es tal su voracidad que en la base americana Palmer nos comentaron que por la noche se acercaban a la base y mordían la goma de las zódiacs dejándolas inutilizadas (debiendo pensar que se trataba de otro tipo de focas), siendo necesario tener en stock un gran número de embarcaciones y adoptar ciertas medidas defensivas con el fin de protegerlas.

Con todo la foca leopardo en su perfil de depredador es clave en el sostenimiento de la diversidad del delicado ecosistema antártico, ya que permite regular el crecimiento poblacional de muchas especies, por todo ello no debemos caer en el error de ponerle la etiqueta del malo de la película porque no solo no lo es, sino que además se trata de uno de los animales más bellos y fascinantes de la Antártida.

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Actualizado el 24 agosto, 2024.
Publicado por Miguel Ángel Otero Soliño


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