Verte fue una de esas sorpresas imborrables, de las que calan en los ojos, pigmentos de verde intenso con toques dorados pleno de belleza, jardines de Versalles sencillamente eres poesía.

Es difícil quedarse impasible ante esta auténtica obra de arte natural, a ese anexo floral del siglo XVII que promocionado por la monarquía francesa se convirtió en una referencia a nivel mundial y que a posteriori ha sido imitado en innumerables ocasiones. Hablamos de una joya intemporal, odiada y amada por igual y que sirvió de símbolo del poder absolutista de una monarquía en su cenit de esplendor.

Situado en Versalles, en el área de influencia del Gran París, lo que más destaca al visitar sus dominios son sus impresionantes dimensiones, unas 800 hectáreas que se extienden en el horizonte, en un desfile visual claramente estructurado en el que los prados, estatuas y estanques se unen en especial armonía y donde ningún detalle se descuida. Todo resulta perfecto, desde la fina poda de sus setos, hasta los colores de sus flores o el porte de sus árboles.

Los jardines parecen estar siempre diseñados para desembocar en fuentes y estanques, metáforas de piedra, que como la de Estanque de Latone, que busca en la mitología su fuente de inspiración y donde se representa simbólicamente la metamorfosis de Ovidio

Mitología y escultura, que se mezclan magistralmente de nuevo en la serena cara de Apolo que cabalga sobre las aguas en su carro, mientras deja atrás decenas de barcas de turistas que navegan apaciblemente por las aguas del conocido como Grand Canal.

Turistas que se agobian por deambular por el conocido palacio y que se relajan en las imborrables estampas de sus parques, porque es tal la inmensidad del espacio que uno puede sentirse solo en su entorno, algo extraño a priori porque nos encontramos ante uno de los monumentos más visitados del mundo.

Patrimonio de la humanidad de la Unesco, los jardines del Château de Versailles constituyen una parada más en el tren de lo bello de París, un homenaje a lo eterno, una memoria en mis retinas, sencillamente un sueño de verano.

Actualizado el 18 agosto, 2024.
Publicado por Miguel Ángel Otero Soliño

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