Kuldīga, una de las ciudades más hermosas de Letonia

Cuando me adentre en los dominios de la ciudad letona de Kuldīga, fui avisado de que vería ante mis ojos la que dicen que es la cascada más ancha de Europa, venía preparado mentalmente para ver ese monumento natural, pero no tenía ni idea de que me encontraría con una hermosa ciudad, llena de rincones con encanto que a través de su fotogenia arquitectónica refleja como nadie la belleza inherente a Letonia.

Kuldīga
Cascada del río Ventas en Kuldīga

En un país como Letonia donde su capital, Riga, parece dominarlo todo, Kuldīga se erige como recuerdo de que estas tierras son bellas a la par de que cuentan con un rico pasado, como el que tuvo el histórico Condado de Curlandia cuya capital estuvo ubicada en esta bucólica ciudad.

Cuando uno se adentra en el casco urbano de Kuldīga, uno tiene una sensación completa de calma, todo encaja en el paisaje y sus edificios parecen creados con toques de pintor del romanticismo.

Kuldīga
Calles de Kuldīga en Letonia

Kuldīga es pequeña, apenas residen aquí 12.000 habitantes, pero cada rincón que vamos descubriendo tiene personalidad propia; un juego visual en el que se nos muestra una sucesión de hermosas casas de madera y piedra de como máximo 3 plantas, cuya altura es terminada por impecables tejados que adoran la pendiente, con el fin de evitar el acumulo de nieve de los duros inviernos del Báltico.

Las calles parecen sacadas de un escenario de película con calzadas empedradas que fluyen como afluentes camino del río Venta, elemento que ha vertebrado la vida de la ciudad y en cuya orilla se instaló un castillo de la Orden Livonia en el siglo XIII, que constituiría el núcleo poblacional de Kuldīga.

Kuldiga Latvia
Iglesia de Santa Caterina

La ciudad monumental se enriquece de los distintos pueblos que la han conquistado o influido, así la llegada del luteranismo a Letonia caló hondo en esta tierra y se expresa dominando la mayoría de los templos de la ciudad, siendo la iglesia de Santa Caterina, el mejor representante de esta corriente del cristianismo.

Si el legado católico es escaso, el ruso se manifiesta claramente a través de una elegante iglesia ortodoxa, que luce por su altura y sobre todo por esas características cúpulas con forma de cebolla.

Los judíos, otra de las comunidades más importantes de la ciudad, vinieron atraídos por las oportunidades comerciales de la urbe que incluso llegó a pertenecer a la liga Hanseática y que desgraciadamente desaparecieron tras la II Guerra Mundial; el patrimonio arquitectónico hebreo se perdió con la guerra y hoy se reduce al antiguo edificio de la sinagoga que ante la ausencia de judíos fue reconvertida en la biblioteca municipal.

Antigua Sinagoga de Kuldiga
Antigua Sinagoga de Kuldiga

Sin vínculos con el mundo judío es el edificio del ayuntamiento de Kuldīga cuyo diseña recuerda a una sinagoga y cuyo amarillo perfil define una amplia zona peatonal que se extiende por la calle Liepājas, la arteria por donde fluye la vida humana de Kuldīga y en donde se conservan los edificios comerciales más singulares de la ciudad.

Kuldiga letonia
Centro de Kuldīga, con el ayuntamiento (de color amarillo) al fondo.

Comercios de pequeño tamaño y de trato amable, que constituyen uno de los atractivos que buscan los turistas que viene hasta parte de Letonia, sin olvidarnos por supuesto de la famosa cascada del río Ventas, que es ciertamente ancha, aunque con poco salto, hecho que hace que frecuentemente los turistas la crucen andando descalzo sobre las aguas, una experiencia divertida que se puede complementar con el baño en el río en una cercana playa fluvial.

Con todo, la vuelta no es obligatoria hacerla a través de la catarata y podemos hacerlo por el famoso puente de ladrillo, uno de los más largos construidos en Europa con este tipo de material y que nos llevará de vuelta al distrito de los museos, el emplazamiento que en su día estuvo el famoso castillo “teutónico”.

Kuldīga
Escultura de madera en Kuldīga

A partir de aquí podemos deambular sin rumbo por esta mágica tierra para finalmente sentarnos en la terraza de un café, momento que podremos saborear las sensaciones vividas y reafirmar sin ninguna duda que vale la pena conocer y amar Kuldīga.

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Actualizado el 14 febrero, 2021.
Publicado por Miguel Ángel Otero Soliño