La Catedral de la Almudena atesora en sus entrañas un secreto que suele pasar desapercibido por el gran público, pero cuyo diseño y su íntimo ambiente lo convierten en uno de los lugares más bellos de Madrid, hablamos de su Cripta Neorrománica.

Situada en un lateral del Templo de la Almudena, la cripta se abre a Madrid por una fachada que readapta el estilo románico dominante durante siglos en el arte español, confiriéndole un carácter recio y cuasi medieval con tres arcos de medio punto que invitan al visitante a traspasar sus puertas. Ya en el interior el neorrománico se envuelve de una fuerte pero a la vez intimista iluminación, que nos permite admirar un bosque de columnas de robusta base que se elevan hacia el cielo tras encorvarse bajo el apoyo de unos súbitos capiteles.

Las naves laterales se abren con modestia entre los arcos y generan volumen para que se integren decenas de capillas de pequeño tamaño, sepulcros y panteones privados, acompañadas en ocasiones por vistosas vidrieras y dorados ángeles.

La nave central también abre claros en el bosque de columnas y nos regala un sobrio altar, cuyos objetos se bañan en falso oro y donde una figura de la virgen sujetando al niño y otra de Jesús en edad adulta enamoran la vista del complejo.

La cripta fue terminada en 1911 y constituyo la primera piedra del conjunto monumental que conforma hoy en día la catedral. Los horarios de visita son amplios y no suele haber muchos turistas, lo que permite una visita íntima y relajada de un espacio que parece pretender recuperar el intimismo propio del románico, pero con la vistosidad y la maestría de las técnicas arquitectónicas del siglo XX. Sin duda un claro baluarte del extraordinario encanto de la ciudad de Madrid.

Actualizado el 27 agosto,2024.
Publicado por Miguel Ángel Otero Soliño

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