Todas las ciudades poseen un símbolo que se convierte en el emblema inolvidable para todos sus visitantes; en el caso de Izmir en Turquía, este se manifiesta en la emblemática figura de su reloj, un guardián del tiempo que, desde 1901, marca no solo las horas, sino la esencia vibrante de la vida de quienes habitan esta joya del Egeo.
La torre del reloj es una obra maestra del siglo XX y constituye una de las últimas expresiones de la excelencia de la arquitectura otomana; fue construida por el arquitecto Raymond Charles Père en pleno barrio de Konak y constituyó un regalo del emperador germánico Guillermo II como conmemoración del 25º aniversario de la ascensión al trono de Abdülhamid II.

La torre domina una gran plaza pública, donde, a la sombra de dos palmeras, se eleva al cielo hasta alcanzar los 25 metros de altura.
Su base circular cuenta con cuatro fuentes que sirven de sustento vertical al cuerpo de la torre, en cuyo tope se insertan las esferas de los relojes que marcan el latir de la antigua Esmirna.

La torre es una referencia social y un punto de encuentro de los habitantes de la ciudad, en una plaza ganada al descanso y al vuelo de las palomas, en una ciudad que invita ver el mar y su deliciosa costa, una tierra que anima a quien le gusta vivir la vida.

Actualizado el 19 julio,2022.
Publicado por Miguel Ángel Otero Soliño


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