La morriña

Ahora que la gente en Galicia vuelve a hacer las maletas por la crisis y huye de su tierra para reiniciar su vida en cualquier rincón del mundo, la morriña se ha vuelto a regenerar como el sentimiento más existencial de los gallegos.

Manuel Ferrol
Despedida de emigrantes (La Coruña, 1956). Manuel Ferrol

De hecho, una persona no puede definirse como gallega si alguna vez no ha sufrido esa amargura, ese encogimiento del alma que uno experimenta cuando uno abandona temporal o definitivamente Galicia, esa sensación que te aflige por no saber cuando uno volverá a sentir el olor de sus bosques, el sabor de los productos de la tierra, ese paisaje de mil ríos y regatos que empapa tus ojos de las mismas sensaciones de perdida que sintió Rosalía de Castro cuando dejo su tierra natal rumbo a Madrid y que con tanta amargura reflejó en su celebre poema “Adiós ríos, adiós fontes“.

Pese a ser una palabra procedente del gallego, “la morriña” hace tiempo que se adaptó al lenguaje castellano como sinónimo de “tristeza o melancolía, especialmente la nostalgia de la tierra natal”; pero los gallegos no somos personas tristes, ni más sentimentales que el resto y esas explosiones de lágrimas y de añoranza no son más que el fruto de las duras decisiones que nuestro pueblo ha tenido que tomar a lo largo de la historia, porque los gallegos hemos sido valientes a la hora de coger maletas y dejarlo todo para buscarnos un nuevo porvenir, una decisión dura que siempre nos ha dejado duras heridas en el corazón.

Aun recuerdo con aflicción cuando mi tía abuela regresó de Brasil tras décadas en su propio exilio personal. Nunca olvidaré las lagrimas de mi familia, de como mi abuelo no dejaba de abrazarla, de como los sentimientos acumulados a lo largo de los años la transformaron de nuevo en gallega; una sensación que incluso me emocionó a mí, un niño que jamás había tenido nostalgia de nada y que descubría de golpe toda la emotividad y dureza de la vida.

Ushuaia
Cruceiro en Ushuaia (Argentina) construido por la comunidad gallega que emigro a estas tierras Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Ahora cuando veo aquellos que critican a los emigrantes como causantes de todos los males, o bien quienes consideran la huida de tantos jóvenes españoles a Europa, valorándolos como simple aventureros o como una mera migración interior, le debería recordar que la emigración es una de las decisiones más duras que hay y que aquellos que presumen de patriotismo e identidad a costa de desvalorar la humanidad a los expatriados, decirles que no son verdaderos gallegos, son gente cuya humanidad se perdió y que han renunciado a sus orígenes e historia, porque uno no puede ser de Galicia sin tener genes emigrantes o haber sentido alguna vez en su vida el amargo sabor de la morriña, porque emigrar no es viajar, es un tránsito duro, no voluntario y que deja muchas secuelas, a veces muy difíciles de olvidar.


Actualizado el 24 julio,2016.
Publicado por Miguel Ángel Otero Soliño