Inés de Castro, aunque de origen gallego, es una de las figuras más conocidas de la historia de Portugal, famosa por haber sido coronada como reina tras su muerte y por protagonizar una de las historias de amor más emblemáticas de la Edad Media.
De familia noble, Inés de Castro llegó a la corte portuguesa como doncella de su prima Constanza, quien estaba destinada a casarse con el infante Pedro de Portugal.
Pedro e Inés se enamoraron, y aunque el príncipe heredero se casó con Constanza, con quien tuvo dos hijos, su amor por Inés fue profundo.
Se dice que Constanza era conocedora de la relación y sufría fuertes celos al respecto, pero no pudo hacer nada por evitarlo. Constanza moriría durante el parto del futuro príncipe heredero, lo cual abrío a las puertas a una relación más abierta entre Pedro e Inés.
La relación entre Inés y Pedro no era bien vista ni por el rey Alfonso IV, padre de Pedro, ni por la nobleza portuguesa, dado los vínculos sanguineos que está tenía con la corona castellana.

Casados en secreto y después de haber tenido varios hijos, la situación se complicó enormemente debido al riesgo de que alguno de los hijos de Inés pudiera llegar a ser rey de Portugal en el futuro.
Por todo ello, se organizó un complot dirigido por el rey Alfonso IV y algunos de los consejeros más destacados del reino, que acabaría con la ejecución de Inés en la conocida como Quinta de las Lágrimas, en Coimbra, en el año 1355.
Incapaz de enfrentarse a su padre, Pedro tuvo que esperar a la muerte de este en 1357 para planificar su venganza. Así, ya como nuevo rey de Portugal, reveló su matrimonio con Inés y desató su ira contra todos aquellos que habían conspirado contra Inés de Castro, ajusticiando a varios de ellos.
La leyenda cuenta que el rey mandó exhumar el cuerpo de Inés, la coronó reina y la sentó en el trono, mientras todos los nobles portugueses se vieron obligados a besar su mano putrefacta.
Con todo, cabe decir que la conspiración tuvo éxito, ya que el linaje de Inés de Castro no tuvo continuidad posterior y sería Fernando, el hijo de Constanza, quien acabaría siendo elegido para suceder a Pedro.

Inés de Castro está enterrada en el Monasterio de Alcobaça, en un ostentoso túmulo muy cerca de donde sería enterrado posteriormente el rey don Pedro.
Cuenta la leyenda que el hecho de que los mausoleos se encuentren enfrentados tenía como objetivo que ambos pudieran mirarse a los ojos cuando despertasen en el día del Juicio Final. Un bonito final para la que es, sin duda, la historia de amor más famosa de Portugal.

Actualizado el 9 marzo,2026.
Publicado por Miguel Ángel Otero Soliño


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