Detalle del graderío curvo con estructura de hierro forjado del Frontón Beti-Jai, una obra maestra del neomudéjar madrileño.

Del abandono al esplendor: la segunda vida del Frontón Beti-Jai

Hace unos 10 años escribí un artículo titulado «El frontón Beti-Jai, la abandonada joya arquitectónica de Madrid«, donde denunciaba el estado de abandono de esta joya arquitectónica de Madrid. El artículo tuvo bastante éxito y fue una modesta aportación a la inmensa labor realizada por la Asociación Salvemos el Frontón Beti-Jai de Madrid, que llevaba años luchando por la rehabilitación del edificio.

Poco tiempo despues, el Ayuntamiento de Madrid decidió dar el paso y adquirir este histórico frontón e iniciar una puesta en valor del monumento, materalizada en una impecable rehabilitación que ha permitido devolver a la vida a esta joya de la arquitectura deportiva.

Panel informativo en el centro de interpretación del Frontón Beti-Jai

Desde aquella el Frontón Beti-Jai estaba en mi lista de prioridades de lugares a visitar en Madrid, pero no ha sido hasta este año —tras su musealización en 2024— cuando, por fin, se ha cumplido el sueño de poder ver el que es considerado el frontón más antiguo del mundo.

La pregunta más importante para entender el valor de este edificio es: ¿por qué hay un frontón con nombre vasco en pleno barrio de Chamberí?

A finales del siglo XIX se produjo una auténtica fiebre por la pelota vasca, impulsada en parte por el hecho de que la familia real comenzara a veranear en San Sebastián. El rey asistía con frecuencia a partidos de pelota, generando de forma indirecta una corriente de simpatía hacia este deporte que resultaría clave para su expansión. Sin embargo, fue la llegada de empresarios de origen vasco a la capital la que dio el empujón definitivo a la construcción de grandes frontones industriales.

Revista El Pelotari

Los empresarios vascos no promovieron los frontones por una cuestión puramente sentimental: estos espacios representaban una forma de ocio altamente rentable. Por un lado, eran recintos multiusos que permitían no solo la celebración de eventos deportivos, sino también actividades culturales o incluso políticas. Además, en el juego de pelota se podía apostar, lo que atraía a un público muy diverso que dejaba su dinero no solo en las apuestas, sino también en los bares y restaurantes vinculados al recinto.

Uno de esos visionarios fue José Arana Elorza, quien en 1893 encargó al arquitecto Joaquín Rucoba la construcción de un gran frontón en la calle del Marqués de Riscal. De aquella iniciativa nacería en 1894 el Beti-Jai, un hermoso frontón largo y de cancha descubierta, cuyo graderío curvo, distribuido en varias bancadas, podía albergar hasta 4.000 espectadores, que disfrutaban de una visibilidad inmejorable.

Vista histórica de la arquitectura neomudéjar del Frontón Beti-Jai

El Beti-Jai era bello: un envolvente recinto construido con materiales nobles, que pasaba inadvertido desde el exterior, pero que desprendía una elegante solemnidad cuando uno accedía a sus entrañas. Pese a su hermosura y singularidad arquitectónica, el frontón sufrió un rápido declive. La feroz competencia con otros frontones y con los nuevos deportes —especialmente el fútbol— hizo que, ya en los años veinte del siglo pasado, el Beti-Jai dejara de albergar partidos de pelota para dedicarse a otros usos industriales y comerciales. Desde entonces, el recinto inició un lento proceso de deterioro, llegando a funcionar incluso como cárcel durante la Guerra Civil, lugar de entrenamiento militar, concesionario de motos Harley Davidson o como lugar de ensayo de bandas musicales durante la posguerra.

"Moto Harley-Davidson en el interior del Frontón Beti-Jai, durante su etapa como concesionario en Madrid

El cambio generacional llevó al ostracismo al recinto, que durante años permaneció oculto para los madrileños, quienes incluso desconocían su existencia. Un fantasma de bellos remates que, debido a su excelente ubicación, atrajo la atención de buitres inmobiliarios cuyo único interés era puramente especulativo. Durante mucho tiempo, el derribo estuvo a punto de consumarse, pero gracias a la labor de ciertos arquitectos y ciudadanos —preocupados por la pérdida patrimonial que se estaba produciendo en la ciudad— el edificio consiguió cierta protección. Fue catalogado por el Ayuntamiento como edificio singular, y se impulsaron los trámites para su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de monumento.

Pese a esta protección parcial, los intereses urbanísticos siguen presionan constantemente al Beti-Jai, hasta el punto que en 2005 se propone que sea descatalogado para construir un hotel de lujo, aunque afortunadamente la propuesta fue rechazada. Ya en el año 2011, tras presiones de ciertos colectivos ciudadanos como la plataforma Salvemos el Frontón Beti-Jai de Madrid, se consigue que el Beti-Jai se convierta oficialmente en Bien de Interés cultural.

En 2015, el Ayuntamiento de Madrid expropió el frontón e inició su rehabilitación con el objetivo de volver a abrirlo a la ciudadanía. En 2024, se inauguró un centro de interpretación dedicado al frontón, y la pelota volvió a resonar contra sus paredes con la celebración de varios partidos de exhibición.

La visita estuvo cargada de emociones previas. No solo se trataba de la perspectiva de ver en vivo este tesoro de la arquitectura neomudéjar, sino también de la satisfacción de comprobar que la lucha vecinal (impecable en su labor de recopilación de información y divulgación) había logrado su objetivo frente a la cruel especulación urbanística.

Yo era un alumno aventajado, ya que durante estos años había leído mucho sobre el frontón y estuve atento a los distintos pasos que se dieron para salvar el mismo.

Cancha del Frontón Beti-Jai con su graderío neomudéjar en forma curva

Puedo decir que el Frontón me enamoro y eso que el mismo carece de la de la fuerza visual que daba ver su graderío lleno y sus 4000 almas celebrando los puntos de los pelotaris.

El centro de interpretación (que es gratuito) está muy logrado y explica coherentemente la historia del frontón, centrandose no solo en su vertiente deportiva, sino en las distintas actividades que allí se desarrollaron, como cuando Torres Quevedo lo utilizó como lugar de ensayo de sus inventos aeronauticos.

El museo también da acceso a uno de los graderios superiores donde tenemos una espectacular visual del edificio y en donde podemos admirar el logrado artesanado de los graderios y el techado.

El resto de la visita transcurre por el patio, donde se ubicaba el terreno de juego que tenía una longitud de 67 metros, por 20 de ancho.

Frontón del Siglo XIX

Visitar el Frontón Beti-Jai genera un fuerte sentimiento de nostalgia, curiosamente no por unos tiempos que uno haya vivido ni por unos tiempos mejores, sino porque te traslada a otra época diferente. A unos años en los que la pelota vasca era lo más popular, mientras que el fútbol en Madrid todavía era residual —el Real Madrid, por ejemplo, se fundó en 1902.

El Beti-Jai es una de las instalaciones deportivas más antiguas del mundo, pero es toda la fuerza de lo que se vivió entre sus paredes y la energía de quienes lucharon por recuperar su legado lo que hace que la visita al frontón merezca —y mucho— la pena. Conocer in situ el Frontón Beti-Jai es, en definitiva, un homenaje a la historia, al deporte y a la pasión colectiva de un pueblo, el madrileño, que hoy puede volver a sentirse orgulloso de recuperar este hermoso monumento.

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Actualizado el 2 julio, 2025
Publicado por Miguel Ángel Otero Soliño


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