Batumi es una ciudad tan singular que cuesta incluso definirla. Un conjunto urbano que creció en altura y mezcló diferentes estilos arquitectónicos hasta convertirse en uno de los principales reclamos turísticos del Mar Negro y de toda Georgia.

A no todo el mundo le va a gustar Batumi, pero seguro que no deja a nadie indiferente. Sus hoteles-rascacielos junto al mar acompañan con su silueta el famoso bulevar de Batumi, donde se concentra gran parte del ocio de la ciudad, así como las playas que se han convertido en un importante refugio veraniego para los georgianos.
Entre los edificios destaca la Torre de Batumi, un rascacielos considerado el edificio más alto de Georgia y que cuenta con una sorprendente noria en una de sus fachadas. Se trata de un edificio tan llamativo como controvertido, ya que está vinculado a diferentes procesos de corrupción que han hecho que parte de sus instalaciones permanezcan sin uso.

Otro edificio que soprende al visitante es la llamada Torre del Alfabeto, que replica en su fachada la singularidad escritura de la lengua georgiana.
A la sombra de la Torre del Alfabeto se alzan dos de los monumentos más singulares de la ciudad, el histórico faro y la fotogénica estatua dedicada a Alí y Nino.

La estatua de Alí y Nino, es el monumento más retratado de la ciudad, se trata de un conjunto escultorico en constante movimiento, donde se representa, através de figuras metálicas, el amor prohibido entre Alí, un azerí musulmán, y Nino, una princesa cristiana.
La historia está basada en el libro del mismo nombre de Kurban Saidy habla del amor y de la necesidad de vencer prejuicios y fomentar la tolerancia entre los pueblos.

El continuo acercamiento y alejamiento de las figuras refleja tanto la materialización de su amor como la imposibilidad del mismo. Una estatua sorprendente y diferente que invita a la reflexión.
La costa es el epicentro de la vida de Batumi, pero existe una importante vida social en las calles interiores, que siguen un perfil perfectamente geométrico.

La Plaza de Europa, es tan llamativa como «bizarra», al concentrar diferentes edificios de estilos arquitectónicos europeos, presididos por la enigmatica estatua de Medea, que porta en sus manos el legandario Vellocino de Oro.

Otra estatua mitológica, en este caso Neptuno, preside la plaza del teatro, convirtiéndose en una de las estampas más típicas de Batumi. No es la única sala de espectáculos de la ciudad; cerca de la costa se encuentra el hermoso teatro de verano, cuya estructura de madera alberga representaciones durante la temporada estival.

El caracter eclectico y un poco loco de Batumi se manifiesta en la Piazza de Batumi, una plaza que replica el esplendor veneciano y en donde podemos encontrar de una importante oferta de ocio gastrónomico.
En Batumi se come y bebe bien, siendo el Khachapuri, el plato más emblemático de la región de Ayaria, donde se ubica Batumi, donde también es famoso el vino o la soda de manzana.

Cerca de la Piazza, se encuentra la iglesia ortodoxa griega de San Nicolás, que junto a la iglesia armenia de Cristo Salvador, conforman los templos más relevantes de la ciudad.

Batumi es la segunda ciudad más poblada de Georgia y, aun así, no es una localidad excesivamente grande. Sin embargo, concentra una gran diversidad religiosa: aquí conviven mezquitas, iglesias católicas, sinagogas y catedrales ortodoxas georgianas.

Esta diversidad es un reflejo de la historia de la ciudad, que estuvo bajo dominio otomano, ruso y griego, sin olvidar los años de esplendor de los reinos medievales georgianos y el pasado soviético de Georgia.
Para conocer más sobre este diverso pasado de la ciudad, vale la pena acercarse a alguno de sus museos, siendo uno de los más destacados el Museo estatal de Ayaria o el etnográfico «Borjgalo», centrados en el arte y la etnografía de la región, que funciona como una república autónoma dentro de Georgia.
Batumi cuenta con zonas de verdes de cierto interés entre las que destacan, el parque central, ocupado en gran parte por la lámina agua del Lago Nuki y en cuyas inmediaciones se localizan el zoo y su famoso delfinario. El parque de Lech and María Kaczynski, el jardín botánico y el exótico jardín japones son otros los ejemplos de espacios verdes de la ciudad.
Una ciudad peculiar, donde uno puede encontrarse recuerdos de Stalin o barcos al más puro estilo Piratas del Caribe: una amalgama de ideas que no convencerá a todo el mundo, pero que conforma la fisonomía de esta urbe única en su especie, que brilla a su manera a los pies del siempre hermoso mar Negro.


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